martes, 26 de marzo de 2013

花見に行きましょう!


Farolillos de Bunkyo.
¡Y llegó el Sakura! El frío se ha ido, Tokyo florece y sus habitantes también. Por todos los barrios se anuncian barbacoas de fin de semana, y como frutos maduros, millones de japoneses se agolpan en los parques bajo los árboles del cerezo, el ciruelo y el almendro.
Es un acoso en masa al mundo vegetal, donde el imberbe hipster y la anciana entrañable comparten cámara reflex y búsqueda del ángulo, rama y color perfecto.
El esperado ocio nacional, el "hanami", literalmente "mirar la flor", consistente en eso, la contemplación de la belleza efímera de las flores. Un espectáculo breve, intenso, eterno, cíclico, mágico, aburridísimo....XD.

Acosando árboles
En realidad, para todo aquel que no guste de hacer "haikus" en su tiempo libre, es una excusa estupenda para socializar y desconectar. Tomarse una cervecita al sol, comer al aire libre con los amigos o con la familia y sobretodo descansar del fluorescente de la oficina. El ambiente se carga de energía positiva y festiva, los parques se llenan de música en directo, puestos de comida y pequeños mercadillos.
Es totalmente comprensible, teniendo en cuenta que es la única tregua entre el invierno y un muy muy caluroso y húmedo verano. Sin hablar de la  temporada de lluvias torrenciales que empieza en Junio...

Un buen momento para olvidar todo lo que queda por venir, los apuntes sobre la mesa, la cerveza vacía, el "oniguiri" equivocado...La borrachera espiritual que nos es ofrecida en pequeños tragos mezcla de viento y flor, de niño y risa.
El placer de contemplar la indiferencia de las cosas.

   


      "La hierba reverdece         ひとり生えの
       Sin ayuda de nadie   草皆花と
         La flor florece."    なりにけり。

                       (Masaoka Shiki)            

martes, 19 de marzo de 2013

Tormenta


Escribo desde la tormenta.

En esta ciudad ni siquiera la naturaleza es comedida.¿Por qué he de serlo yo?
No visto de forma extravagante, no me maquillo ni peino en exceso. "Arreglarse" sin estar
estropeada o "retocarse" sin ser onanismo, son cosas que no apruebo.
No hablo con elocuencia, no bailo con dignidad, no voy repartiendo abrazos y sonrisas.
No comparto, y a veces no escucho porque no me interesa, o no me apetece o ambas.
Mis habilidades sociales son limitadas, limitadas al bello ejercicio del alcoholismo.

Por favor te pido que, si la noche se alarga más de la cuenta, y acabo perdiéndome y
perdiéndote a ti conmigo, no me juzgues, no me instes a la moderación. Déjame bailar
alrededor del fuego. Buscar en la oscuridad pedazos de verdad o mentiras bien
construidas, que igual da. Materializar mi angustia para poderla masticar más fácilmente.
Forzar algunas piezas del puzzle. Modelar mi propio horror vacui emocional.
Sentir por unos instantes.

Yo te prometo ser una señorita, acompañarte en tu descenso y ofrecerte algún chicle a
modo de placebo. Si algo sale mal, correremos juntos. Si sale bien, haremos lo mismo.
Puede que encontremos a alguien más jodido que nosotros, y podamos hacerle creer que hay
salvación posible. Nos reiremos después de todo ello. Consuelo de estúpidos.

Y moderación la justa.


miércoles, 13 de marzo de 2013

Meta-viajando



La incertidumbre es una posición incómoda.
Pero la certeza es una  posición absurda.
Voltaire




























Todo camino está custodiado por fuerzas que escapan a nuestro control.
Fuerzas que orientan nuestros pasos de forma natural,
como el agua, el musgo, la luz o el viento.

Cuestiones:
¿solos?
¿libres?
¿decidimos?

=====
El tren es lento,
la llanura de nieve lo inmoviliza aún más,
el infinito debe ser blanco.
Todo permanece estático. 
Estación, tras estación, tras estación...


Pero he aquí que llegamos.
Que finalmente hemos cambiado.
=====

Si.
Aunque siempre hay alguien más junto a nosotros,
cosas que cargamos sin saber muy bien quien las dejó allí,
seres que parecen salir tras la niebla,
que son niebla.

Con ellos debemos hacer
como con el Kappa japonés,
duende algo travieso,
al que simplemente basta hacer una reverencia
para poder seguir nuestro camino.

Mirar a los ojos de los fantasmas
para que también ellos puedan disfrutar de la belleza que arañamos con nuestros pasos.

¡Y el viaje sigue!