jueves, 27 de febrero de 2014

El día en que se muevan las montañas

Hoy devolvemos al blog su razón de ser y dirigimos nuestra mirada hacia Japón, pon, pon. Perdón por los incisos, paréntesis y divagaciones; pero utilizando a las autoridades como se podían utilizar cuando estas aún eran sabias, me justificaré con palabras de Herman Hesse: "La vida de cada hombre es un camino hacia sí mismo, el ensayo de un camino, el boceto de un sendero." Y ya.

En ocasiones, mi madre y yo hacemos emboscadas relámpago a la biblioteca. Llegamos a 5 min. de la hora de cierre y nos dividimos: ella se queda en sección novela y yo subo corriendo a poesía, elegimos un libro basándonos en criterios puramente sensitivos (peso, color, encuadernación...) y nos reunimos en el mostrador de préstamo con una obra en cada mano. No es un juego familiar madre-hija, es más bien una costumbre adquirida por la necesidad y la falta de tiempo, pero al final le llegas a coger el gustillo.
Esta lectura aleatoria tiene sus pros y sus contras, puedes encontrar basura literaria, infumables novelas amateur,o al contrario, maravillas inesperadas. Yo, que nunca hice buenas migas con el azar, tengo un truco para "manipularlo" un poco: Busco deliberadamente en la Y, y allí, en los últimos estantes, me encuentro casi seguro con algún escritor japonés. En este caso, la elegida fue Akiko Yosano, y fue un feliz descubrimiento.

Bijin in red kimono, Kiyokata Kaburagi.

Akiko Yosano (1878-1942) representó en Japón a esa nueva generación de mujeres (atarashii onna, 新女), que desde principios del siglo XX lucharon por los derechos de la mujer y su reconocimiento como ciudadanas plenas del estado nipón. Sufragio universal, libertad matrimonial, educación paritaria, derechos laborales,etc...Tuvieron que ser reclamados a una nación cuya política con las mujeres apenas había evolucionado desde los grandes cambios de la Restauración Meiji (1866-1869).
Aparte de este contexto innegable, no me gusta juzgar la literatura basándome únicamente en movimientos tan "históricamente etiquetados" como es el movimiento feminista. "Todos somos hijos de nuestro tiempo", afirmaba Hegel, pero además todos somos seres únicos e irrepetibles, y nuestras obras, pensamientos y creaciones son también fruto de esta subjetividad inherente al "yo".
Por eso, para mí esta obra es la voz de una mujer (hecho indudablemente significativo) que expresó en sus poemas su lucha personal contra el mundo, su sensibilidad, erotismo, libertad vital y su pensamiento crítico.
Todas las anteriores, son razones de peso pasa asomarnos a su poesía: "La poeta de la pasión", que dejó una fuerte huella en la literatura japonesa.

He escogido el siguiente poema por inclinación personal. Su lectura me recordó a esa otra "mujer dormida" que, desde sus colinas, contempla mi tierra verde oliva. Se titula: "El día que se muevan las montañas".

El día en que se muevan las montañas, está aquí.      
Por mucho que lo diga, la gente no me cree.          
Durante mucho tiempo, las montañas estuvieron dormidas. 
Hace tiempo, bullían, ardiendo en llamaradas.         
Aunque hayáis olvidado,                   
debéis creerme todos:                  
y las mujeres que seguían dormidas,         
se van a despertar y se van a mover.         

(Yosano Akiko)                         

山の動く日来(きた)る。
かく云えども人われを信ぜじ。
山は姑(しばら)く眠りしのみ。
その昔に於て
山は皆火に燃えて動きしものを。
されど、そは信ぜずともよし。
人よ、ああ、唯これを信ぜよ。
すべて眠りし女(おなご)今ぞ目覚めて動くなる。
(与謝野晶子)


Los siguientes poemas o tanka son una bella expresión de la sexualidad femenina:

"La primavera es corta,                                              
 ¿quieres sentir la eternidad?", le dije,                        
 y, tomando sus manos,                                              
 las hundí entre mis senos                                            
 rebosantes de vida...                                                  

Medio vestida
con una leve seda
de color rojo pálido...
No penséis mal: decidles
que está gozando de la luna...

(POETA DE LA PASION, YOSANO AKIKO , HIPERION, 2007)

sábado, 15 de febrero de 2014

Perspectiva

¿Sabía usted que la quería?
¿Sabía usted que cualquier mandato salido de su boca
hubiera sido para mí real decreto?
¿Sabía usted que vigilaba con celo su salud?
¿Que maldecía cualquier nimia injusticia que la molestara?
¿Sabía usted que era la fuente de mis pequeñas alegrías
y de mis pequeñas tristezas cotidianas?
¿Que el día empezaba con su imagen?
¿Que acababa con su nostalgia?

¿Sabía usted, en fin, siquiera mi nombre?

miércoles, 12 de febrero de 2014

El Dios de las pequeñas cosas

"Eran gemelos bivitelinos.«Heterocigóticos», los llamaban los médicos. Nacidos de óvulos distintos, aunque fertilizados al mismo tiempo. Estha, Esthappen, era dieciocho minutos mayor.Su parecido nunca fue muy grande. Así que ni siquiera cuando eran unos niños de bracitos delgados y pecho plano, tenían lombrices y llevaban tupés a lo Elvis Presley tuvieron que sufrir los típicos «¿Quién es quién?» y «¿Cuál es cuál?» por parte de parientes con exageradas sonrisas o de los obispos de la Iglesia ortodoxa siria que visitaban con frecuencia la casa de Ayemenem en busca de donativos.
La confusión yacía en un lugar más profundo, más secreto. En aquellos primeros años amorfos en los que la memoria apenas se había iniciado, en los que la vida estaba llena de Comienzos y no tenía Finales, y Todo era Para Siempre, Esthappen y Rahel pensaban en sí mismos, juntos, como Yo, y por separado, individualmente, como Nosotros.
Como si fuesen una extraña raza de gemelos siameses, separados físicamente pero con identidades conjuntas. Ahora, al cabo de muchos años, a Rahel le viene a la memoria una noche en la que se despertó riéndose de un sueño divertidísimo que tenía Estha.
También guarda en la memoria otros recuerdos a los que no tiene derecho. Recuerda, por ejemplo (aunque no estaba allí), lo que el Hombre de la Naranjada y la Limonada le hizo a Estha en el Cine Abhilash. Recuerda el sabor de los bocadillos de tomate (los bocadillos de Estha, los que
Estha comía) en el tren correo, rumbo a Madrás.
Y eso no son más que las pequeñas cosas."

Arundhati Roy, El Dios de las pequeñas cosas.

jueves, 6 de febrero de 2014

Cuentos orientales

Marguerite Yourcenar es una figura clave en la literatura del siglo XX:  poeta, novelista, ensayista, traductora, feminista, viajera empedernida...fue, en definitiva, la mujer que quiso ser, luchando con las armas más elegantes que una puede enarbolar : la cultura, la sensibilidad, y la tolerancia.
Los viajes fueron una parte esencial de su vida y su literatura, sobre ellos y su filosofía vital escribirá: 
"No vemos dos veces el mismo cerezo ni la misma luna sobre la que se recorta un pino. Todo momento es el último porque es único. Para el viajero, esa percepción se agudiza debido a la ausencia de rutinas engañosamente tranquilizadoras, propias del sedentario, que nos hacen creer que la existencia va a seguir siendo como es por algún tiempo". (Le tour de la prison,1991.)
En su obra Cuentos Orientales, recoge la mitología y las historia literaria de Asia y Oriente Medio, y se sirve de ella para escribir una serie de relatos cortos que destilan plenamente el estilo, aroma y paisaje de lugares tan dispares como la India, Grecia, Japón o China.
Con una prosa extremadamente cuidada, su vocabulario consigue estar en ese difícil  punto armónico que se encuentra entre la afectación y la poesía. Cada personaje de Youcenar habla un lenguaje distinto, son dioses, monjes, sabios, pintores, muchachas inocentes o mujeres avispadas. Además, la pertenencia de estos a la historia de un pueblo, les hace portadores de un pasado, de una cultura, de un carácter particular, que Yourcenar consigue trasladar a sus historias.

El siguiente fragmento corresponde a Kali decapitada. El cuento de Kali, la diosa Madre del hinduismo, destructora, oscura y  poderosa:
En la linde de un bosque, Kali tropezó con el Sabio. [...]
El maestro de la gran compasión, levantó la mano para bendecir a la que pasaba.  
-Mi cabeza muy pura fue soldada a la infamia- dijo ella-. Quiero y no quiero; sufro y, no obstante, gozo; me da horror vivir y miedo morir. 
-Todos estamos incompletos- dijo el Sabio-. Todos nos hallamos divididos y somos fragmentos, sombras, fantasmas sin consistencia. Todos creemos llorar y gozar desde hace siglos. 
-Yo fui diosa en el cielo de Indra- dijo la cortesana. 
- Y tampoco estabas libre del encadenamiento de las cosas, y tu cuerpo de diamante no estaba más resguardado de la desgracia que tu cuerpo de barro y carne. Tal vez, mujer sin ventura, al errar deshonrada por los caminos te hayas más cerca de acceder a lo que no tiene forma. 
-Estoy cansada- gimió la diosa. 
Entonces, tocando las trenzas negras y manchadas de ceniza con la punta de los dedos dijo el Sabio: 
-El deseo te enseñó la inanidad del deseo, el arrepentimiento te enseña la inutilidad de arrepentirte. Ten paciencia, ¡oh, Error!, del que todos formamos parte...¡Oh, Imperfecta!, en quien la perfección toma conciencia de sí misma, ¡oh, Furor!, que no eres necesariamente inmortal...
(Cuentos Orientales, Marguerite Yourcenar.)

Y para terminar otra de las frases que nos hablan del increíble carácter de esta polifacética escritora: "Exageráis la hipocresía de los hombres. La mayoría piensa demasiado poco para permitirse el lujo de poder pensar doble."