sábado, 28 de junio de 2014

El fuego

Esta es la historia de un puñado de locos que un día se sentaron en torno a una hoguera, y reflexionando sobre el sentido de la vida, la crudeza del amor, y la esquiva felicidad del hombre, así dijeron:
Vivamos un verano eterno. Cambiemos el presente, asombrémonos del futuro y desterremos de una vez este infame pasado de papel húmedo y podrido. 
Y como combustible para llevar a cabo tal empresa, cada cual se desprendió allí mismo de ciertas cosas que pesaban, ciertas cosas que atesoraban, ciertas cosas que querían. Gastados billetes de papel, viejas cartas de amor, fotografías de recuerdos inconclusos o listas de un futuro que siempre se escapaba como el espejismo del horizonte.
Esta es la historia de un puñado de soñadores que se sentaron un día y decidieron ser libres, sentir todo el presente que les rodeaba y amar/se. Sin tiempos pasivos o plurales. Sin razón alguna más allá del fuego.
Y ya está, no se necesitan más palabras, así como no se necesita, en esencia, gran cantidad de nada.

Aunque pocos lo recuerden, y muchos lo omitan, todos los principios proceden de un final.
Este es el principio y el final de la historia de un puñado de personas que un día se sentaron y decidieron cómo querían sentirse, y cómo querían vivir.