miércoles, 24 de mayo de 2017

Cuerpos (parte uno)

CUERPOS

I Desconocidos

No se trata de eso. Es una manera de encontrarse. Aunque puedes no creerme. Vale. Parece ser que desnudos se miente menos (no tengo estudios que lo avalen). Mentimos menos. Nos quedamos solos en escena, la tarima bajo nuestros pies y un foco alumbrando nuestro cuerpo. Todo lo demás en la oscuridad.

En estas circunstancias uno tiene que llevar a cabo dos trabajos. El primero de todos es puramente introspectivo. Debemos definirnos a nosotros mismos. Debemos dar forma a lo que somos. Porque algo sin forma no se puede tocar, y esa es la premisa más básica del asunto, al fin y al cabo. Componer nuestros pedazos sin ayuda externa. Delante de lo conocido es fácil crearse. Es fácil obedecer a esa voz que dice: eres inteligente, sensible, cariñoso/a. Es fácil decir: lo soy, soy todo eso. ¿Lo soy porque otros lo piensan? ¿O porque yo lo creo? Sin todo eso, ¿soy la misma persona que creía ser? Y debemos responder a esas preguntas con la sinceridad que da el cuerpo desnudo.

Después, y solo después podremos acometer el segundo ejercicio. Más bien social. Es comunicarnos con el otro. Trasmitir lo que hemos descubierto que somos. Compartir nuestra forma para hacer de lo ajeno lo propio. Expandirnos mutuamente.Y no es tarea fácil. Somos teléfonos medio escacharrados, de verdad. Somos el más estúpido de los seres sobre la Tierra. Hemos inventado unos códigos nuevos porque los de la naturaleza ya no nos valían. Hemos racionalizado lo absurdo.

Y yo tengo problemas con este tipo de cosas. Con la definición y el lenguaje. Tengo problemas. Pongamos que llego a la conclusión de que soy amable de verdad, es solo un ejemplo. Pongamos que yo me lo creo y quiero que tú también lo creas. Imaginemos que se da la situación. Que logramos desnudarnos sin que nadie grite o llore, o nos diga que no debemos hacerlo. Es solo un ejemplo. Puede que para ti sea fácil. Puede que digas, basta una sonrisa. Una sonrisa y ya soy un poco menos uno, y un poco más alguien. Algo tan básico como eso, sencillo. Pero resulta también, que para mí no es así (desconozco si también para otros). Que el mensaje no me llega, que tampoco sé muy bien cómo trasladar cierta información.

Antes, cuando éramos animales, enseñar los dientes no era un comportamiento apropiado. Puede que yo aún piense así. No lo sé. Antes puede que yo fuera normal. Antes. Ahora tengo un problema. Necesito pensar un poco. Me quedo callada más tiempo de lo debido. A veces me callo por un tiempo y pienso en estas cosas. En el lenguaje que utilizo. En esa conversación que se empieza con la piel, las manos, y el cuerpo. Es agotador. Estudiar las convenciones de toda una especie. 

Antes leía mucho. Pero es tan difícil utilizar palabras y no mentir. Es como tener un arma: el deseo de disparar es inevitable. Así que antes leía. Ahora escribo como si estuviese desnuda. Pongo unos cuantos pensamientos por escrito para explicar cosas a desconocidos. O simplemente para decir que hay cosas desconocidas todavía. Que no todo tiene una forma definida. Y que, fuera de estos cuerpos, no nos queda más que oscuridad.

II Subversivos

Me he rapado la cabeza. He cogido  a un buen amigo, nos hemos bebido unas copas, le he dado unas tijeras de cocina y le he dicho: corta. Así, a pelo (ironías del lenguaje). Descubrir mi cabeza redonda, ha sido casi como constatar que el mundo no era plano. Que puedo caminar y caminar y no llegaré al abismo aquel con que soñaban los antiguos. Por fortuna me quedan los propios, repartidos entre edades y países, oscuros como bocas (de lobo). Grabados en el recuerdo como una ciudad despierta día y noche. Llena de ruido y sin embargo…

Siempre he dado algo de miedo. Quiero decir, la gente me decía que daba algo de miedo, porque mis ojos no sonríen y mis palabras no tienen una forma clara (lo que sea que esto signifique.) Y yo les daba la razón porque nunca me fiaría de alguien como yo (no es nada personal.) Pero ahora creo que les doy miedo de verdad, quiero decir, ya no me hace falta mirarlos para saberlo porque son ellos los que me miran. Una mujer-rapada-que-no-sonríe debe ser algo así como el mal impersonado. Y yo me río por dentro, les veo y lloro de la risa porque soy yo la que siempre he estado acojonada sin ninguna razón. Como ellos ahora.

También hay mujeres que vienen y me hablan de fortaleza, de símbolos, de lucha. Hay un brillo en sus ojos cuando hablan, hay un brillo en sus ojos y los míos (que no saben sonreír) no se atreven a decirles que esa no soy yo. Que solo quería beberme unas copas con un buen amigo, darle unas tijeras y descubrir mi cara. Que no lo había pensado demasiado y que el mundo ya me resulta demasiado complicado como para pensar en lo que significa cortarse el pelo o escribir unas pocas palabras. Lo verdaderamente triste de que mi pelo sea un símbolo en esta realidad absurda. Por eso me gustaría que todo lo que dicen fuera verdad. Para poder luchar con ellas.

(to be continued if have to)