viernes, 15 de diciembre de 2017

Salida de emergencias

Mientras  la madre habla por teléfono,  el niño juega con su inabarcable instante. El adulto organiza el mundo, el niño salta la comba de la trascendencia. 

Me mira fijamente, me mira,  porque quiere mirarme, porque sus ojos todavía son suyos y eligen por si mismos mirar. Pero entonces algo lo distrae, la figura detenida en la salida de emergencias, el pequeño cartel verde encima de la puerta. Ahora le pertenece, o él pertenece a su inanimidad.  Todo su cuerpo se contorsiona y paraliza en el irreal movimiento de huida. Ya no es el niño,  es otra realidad surgida en el espacio infinito del parpadeo, es un cuerpo con forma,  es un ser rebosante de sentido. 

Y en esta metamorfosis cósmica, nada cambia. Solo yo,  afectada por la inevitable energía del niño,  de la vida sin frontera, sé por un momento. Sé lo que debo olvidar después  rápidamente. 

La madre termina su tertulia. Agarra al niño de la mano  y en su interminable parto lo devuelve al mundo. Él me mira una vez mas, complice del secreto revelado, y se aleja, cojeando, todavía luchando por seguir siendo símbolo. Por no dejar de ser niño. 

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