miércoles, 30 de octubre de 2013

La carrera

                                                                                       Y en busca
                                                                                       de otros balcones volarán las lluvias.
                                                                                                    Gerardo Diego


Normalmente me siento sepultada por el tiempo. Tantos días, horas, minutos, segundos. Y qué hacer. La presión existencial de dar sentido a todos ellos.
Pero hoy, ayer, mañana. Me falta tiempo para la angustia. El día se me llena de verbos, y no encuentro espejos en el camino donde alimentar las infinitas miserias personales. Avidez de presente lo llamaría, si tuviera un momento para definir tal concepto.
Y son los distintos sabores del cansancio. Tumbarte en la cama, y no ser más que un cuerpo que reposa. Cierta forma de satisfacción animal, de gato que ablanda el cojín y ronronea después. Para sí mismo.
Es algo temporal pero, ¿qué no lo es? No es solo correr hacia delante, es darle un sentido al paso que sigue al paso siguiente.
Y de momento, me vale.

domingo, 6 de octubre de 2013

Paisaje nocturno

¿Qué fue primero?¿el cuadro o la ventana?
Paisaje insomne de la noche que,
enroscada sobre sí misma,
también busca el sueño.

Tres luces parpadean,
inmóviles naves de viento,
y las farolas no son más que astros caídos
a las calles desiertas de la ciudad durmiente.

Los gatos hacen el amor en el parque oscuro
y se ríen del cartel de: prohibido jugar a la pelota,
prohibido pasear perros sueltos, prohibido montar en bici,
prohibido beber, fumar, amar.

La sabiduría siempre cae de pie...

Pero yo estoy fuera de ese mundo.
El mío es éste de las horas y sus reglas,
de las normas y sus usos.

Transgresora del tiempo
con nocturnidad y alevosía,
huyo de las certezas que me pisan los talones.

Los números que esconden las distancias,
las palabras encajadas en el balcón del tiempo,
los fragmentos de vida olvidados
a base de quemar las naves...

El niño que pisa sus castillos,
sólo obedece al impulso
visceral que brota de ese
pequeño abismo que nace
entre el yo
y el tú.

Y no es maldad, no es rabia.
Sólo son certezas,
sólo la noche.