viernes, 17 de enero de 2014

Un zapato

Hay una imagen que siempre me ha atraído especialmente, no es nada excepcional, ya que ha sido utilizada infinitamente en las composiciones artísticas de esto que llamaron posmodernidad y  sigue apareciendo en la expresión de esto que llamamos contemporaneidad.
Estoy hablando de un zapato.
Tiene que ser así; bota o chancleta, deportiva o zapato de tacón, destrozado o impecable; pero singular e indefinido.

Es posible que alguien piense que la trivialidad de un zapato perdido no merece el comentario, que el interés por una temática semejante, corriendo los tiempos que corren, es absurdo e insustancial. Pero hablar de como algo cotidiano se transforma en algo singular, de como un objeto se convierte en un símbolo, es hablar de la complejidad de la emociones humanas, y de la historia del hombre.
Porque el sentir nunca es casual. Hay toda una red referencial detrás del sentimiento, hay una serie de factores que lo provocan. Un zapato extraviado concentra sentimientos muy poderosos: pérdida, soledad, fragilidad y tristeza. Es algo tan estrechamente ligado a la vida, a un cuerpo que respira, se mueve y siente, que no podemos evitar preguntarnos acerca de la historia que hay detrás, de cómo ha llegado hasta ese lugar, de ese ser humano que fue su dueño, y ahora se encuentra (imaginamos a pesar de que nuestro sentido común nos contradiga) expuesto, vulnerable, e indefenso por la perdida de uno de sus zapatos.

Siendo como somos seres racionales que se resisten al azar, ideamos causas que expliquen ese absurdo, un zapato en medio de la calle, del parque, encima de una papelera. Todas las respuestas son generalmente negativas: accidente, robo, muerte. La celeridad de lo inesperado que rebaja a innecesaria la preocupación por conservar un zapato.
Si extrapolamos el símbolo, nos encontramos con la mentira del progreso, la civilización, la imagen de una sociedad descalza que ha construido un duro suelo de cemento y asfalto bajo sus pies. Una sociedad que ha crecido a un ritmo tal, que sin darse cuenta, ha perdido algo en el camino, y cojea pobre e indefensa hacia un futuro que a ella misma le duele.

El arte es un focalizador de ideas, un espejo, un mensaje compartido. Y un zapato, no es solo un zapato.