viernes, 31 de julio de 2015

Libremercado

Me encantaría poder escribir grandes parrafadas intelectuales, cuentos de ficción y poesía revolucionaria.
Pero en este mundo de la alta cocina, a lo que realmente aspiro es a ser unos macarrones con tomate de piso de estudiante a las 6 de la mañana.
Esto es: que llegues cieguísimo a casa, me leas porque en ese estado no seas capaz de cosas más complejas, y por lo menos te quite las nauseas de(l) mañana.

Borrachos, drogadictos, poetas ¿No son absurdamente selectivos?
Tienen claro lo que exigir a las palabras: una memoria, un sentido, una tregua.
El yonki de mi barrio declama mejor que el presidente del gobierno.
Y es injusto que él no pueda vivir de ello.
También.

Yo podría simplemente callarme. No escribir absolutamente nada más.
Pero miro sus ojitos tristes, su miedo, sus sonrisas nerviosas de niños perdidos en el supermercado.
Y tengo que seguir diciendo mierda. Es mi puñetero target.
Oferta y demanda a altas horas de la madrugada.

Microproyectos condenados al fracaso. Pero tan tiernos, tan rotos, tan equivocados.

Cómo no les voy a querer.

miércoles, 8 de julio de 2015

Grados

Sueño con la lluvia, 
y amanezco encharcada.
Hace tanto calor.

Miro el calendario
como quien recibe una postal.
Hace calor hasta para apenarse de los números.

Hace un calor poco democrático,
y es posible que beber hoy, 
sí sea la solución.

Viajar solo tiene sentido
si no se vuelve del todo,
o si se sigue buscando,
o si te estrellas.

Pero qué te voy a decir yo
con este calor.