martes, 1 de septiembre de 2015

La Deuda

Hoy voy a hablaros de una de esas palabras que no tienen traducción, esas que reflejan fielmente el carácter de la cultura donde surgen. Se trata de la palabra japonesa on.

Recibe múltiple traducciones: obligación, favor, gratitud, amor, lealtad...conceptos dispares que dejan claro que no acaba de encajar en esta 'nuestra' conciencia occidental del mundo. Antes de ahondar en el tema, os presento cómo se escribe su kanji:



La parte de abajo es el pictograma para "corazón" (kokoro 心), que es utilizado como parte de muchos otros kanjis, sobre todo en los referentes a sentimientos o emociones humanas. La parte de arriba simboliza una persona con los brazos y piernas estirados (que representa el concepto de "grande" en japonés), limitada por todos sus lados dentro de un cuadrado (cuadrado que en japonés representa de forma esquemática el concepto de "boca"). Esta parte superior conforma el ideograma de "causa, factor" (in 因).Tenemos pues causa y corazón, y tenemos un hombre enjaulado sobre este. Una imagen poética con la que podríamos dar por finalizada esta entrada. Pero no.

¿Qué significa realmente esta palabra? Ruth Benedict, en uno de los más famosos (y antiguos) estudios sociológicos sobre el pueblo japonés: El Crisantemo y la Espada, intenta explicar este concepto tan alejado de occidente. Para ello inserta la fábula de Hachiko, el famoso perro akita que, después de la muerte trágica de su amo, se pasó más de 10 años esperando su regreso a las puertas de la estación de Shibuya, en Tokio. Este perro tenía un on hacía su amo, una mezcla de amor y de obligación por corresponder al ser humano que lo crió, cuidó y alimentó desde cachorro.

En el mundo occidental estamos acostumbrados a concebir el amor como algo libre, algo que se entrega de forma desinteresada y que se recibe de igual manera. Por eso quizá nos cuesta comprender este on, que se materializa en la veneración de todo aquello que nos hace ser lo que somos en el presente, lo que nos ha ayudado a llegar hasta aquí. Nuestros antepasados, nuestros padres, nuestros maestros....hemos contraído una deuda con ellos, una deuda de gratitud. Cada uno tiene la obligación de intentar pagar esa deuda: criando a nuestros propios hijos, creciendo como personas, ayudando a los demás. Siendo solidarios.

Pero no solo se trata de personas, pues otro de los arquetipos de Japón es el respeto por la naturaleza. Son conscientes de que le debemos a ella todo lo que hemos conseguido, cada segundo de nuestra existencia. Y por ello, no preocuparnos por su cuidado, su respeto o su sostenibilidad, es una falta a nuestro on para con ella. On que compartimos todos los seres humanos y que parece que algunos olvidan.

Hoy en Europa, necesitamos más que nunca ser solidarios, ser respetuosos, ser agradecidos. Y devolver una parte de lo que nos han dado, cumplir con nuestra obligación como personas. Pues tal como dice un refrán japonés:
Nunca se devuelve ni la diezmilésima parte de un on.