martes, 27 de septiembre de 2016

Casas

CASAS

Un hostal cualquiera
de una ciudad cualquiera
de un país (europeo).
Cuatro literas vacías en la habitación
resumen de forma elocuente
lo que llevo conmigo.

Elegí este lugar porque
sea la ciudad que sea
siempre es igual.
Colchas naranjas
tostadas con tomate
sillas verdes de exterior
una pequeña isla de tiempo y espacio
calma y vacía.

Mastico una porción de pizza
en los bancos del patio
para cenar
y una cerveza
para que nada pueda defraudarme.

Un grupo de hombres
fuma shisha y bebe té.
El fuego de la pipa se ilumina
como una rosa que respira
no puedo dejar de mirar
esa flor.

Estudian una lista
de palabras en español:
desayuno, zapatos, bebé,
cosas sencillas.
Una niña se acerca y me saluda
"hola, hola, hola" repite,
no necesita mas palabras en el mundo.

Mira hacia la ciudad y señala sus luces
me cuenta una historia en un idioma ininteligible
sobre una ciudad que no es esta
una guerra que no es la suya
otras luces que amaba y se apagaron
como flores en la noche.

Pero yo no entiendo nada,
solo miro su mano tocando
un punto que no alcanzo a ver con mis ojos.
Y le pregunto despacio
si le parece bonita la noche
y pienso:
por favor, por favor, por favor
no dejes que las palabras te destruyan.

Carmen Jubete, Antropoceno.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Fabuloso ratón

KAT 'destructor de mundos'

Llevaba toda la vida
escondiéndose del mundo
como un ratón.
Hasta que un día
miró por vez primera tras de sí,
y descubrió su sombra felina.

Y es que, por mucho que nos veamos la punta de la cola, o nos peinemos las orejas y los bigotes, resulta complicado saber de qué trata eso de ser uno mismo. Es necesario mirar mas allá.

jueves, 8 de septiembre de 2016

Dos


II

El problema no es esto.
ESTO.
Palabras.
Palabras ordenaditas.
Cuidadosamente seleccionadas.
Solo lo mejor de la fruta.

El problema es que me rechinan los dientes.
Me rechinan por la noche
como si quisieran morder
masticar
lo que se hace bola
y no baja.

Antes
me gustaba viajar en autobús.
Mirar por la ventana.
Comer el sándwich blanducho
envuelto en papel de plata.

Ahora pienso mucho.
Pronombres.
Números.
Esta batería que no dura nada.
Aquello que dije a un muchacho rubio a los 14.

Los viajes
son cada vez
más largos.

Y el sándwich
cada día
más difícil de tragar.

Carmen Jubete, Contrafuego